Musée du Luxembourg

 
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Cézanne y París

12 Octubre 2011 / 26 Febrero 2012

Todos los días de
9.00 a 22.00 de viernes a lunes
de 10.00 a 20.00 de martes a jueves

Entrada Tarifa Normal : 12,00 euros
Entrada Tarifa Reducida : 7,50 euros
Billete Familia (2 adultos y 2 jóvenes de 13 a 25 años) : 31,50 euros

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Comisariado general
Gilles Chazal, director del Petit Palais, Museo de Bellas Artes de la Ciudad de París
Comisariado científico

Denis Coutagne, conservador honorario del patrimonio, Presidente de la Sociedad Paul Cézanne
Maryline Assante di Panzillo, conservadora del patrimonio en el departamento de Pinturas, Petit Palais, Museo de Bellas Artes de la Ciudad de París

Aunque se suele asociar Cézanne (1839-1906) a la Provenza, no se puede limitarle a ésta. Más de la mitad de su tiempo, desde el momento en que se dedica a la pintura, transcurre en París y en la región parisina. ¡Realiza el viaje de Aix a París más de veinte veces! Por supuesto, los motivos por los que acude no son los mismos con veinte y con sesenta años. Tras 1890, el artista ya mayor, todavía inseguro de su obra (al final de su vida escribió “hago lentos progresos”) se retira a orillas del Marne o cerca de Fontainebleau, para pintar unos apaciguados paisajes, cuando no son retratos de un marchante o de un crítico. Ya no es el joven que ambiciona “conquistar” París, con la voluntad de ingresar en la Escuela de Bellas Artes y de presentar sus obras en el Salón. En París, Cézanne se enfrenta tanto a la tradición como a la modernidad. Empleando el vocabulario de Zola, encuentra las “fórmulas” de la nueva pintura, antes de explotarlas en Provenza. Las idas y vueltas entre la Provenza y la Isla de Francia se vuelven constantes, aunque a un ritmo distinto. En cualquier caso, tras 1890, los críticos, los marchantes, los coleccionistas, empiezan a interesarse por su obra. Cézanne se muestra atento a este reconocimiento que tan solo puede proceder de París. De modo que estampa ante todo su sello en el arte moderno: de los post-impresionistas a Kandinsky, la vanguardia le considera como un precursor, “el padre de todos nosotros”, según la frase de Picasso.

El recorrido de la exposición, que presenta cerca de 80 obras, se desglosa como a continuación:

 1- “Subir” a París siguiendo los pasos de Zola

Empujado y apoyado por Zola, amigo conocido en Aix, en el instituto de enseñanza Bourbon, ya instalado en París, Cézanne llega a la capital en 1861, contra la voluntad de su padre, para ser “artista”. Frecuenta la Academia Suisse donde conoce a otros pintores como Pissarro y Guillaumin, con los que estrecha una amistad. París, donde impera el academicismo mediante el Salón, es entonces el lugar de la revuelta y de la vanguardia. Durante estos años de estudios, integra tanto las tradiciones antiguas como modernas: sus cuadernos de dibujo dan fe de una mirada atenta sobre los grandes maestros de la pintura (Rembrandt, Poussin, Delacroix...) y de la escultura antigua, clásica y barroca (con copias de Miguel Ángel y Puget principalmente). Participa, a la vez, en el movimiento impresionista, sin verdaderamente adherir a él. Aunque se haya construido de un punto de vista pictórico en París, donde regresa hasta 1905, Cézanne va al fin y al cabo representar poco la ciudad en su obra. Nunca evoca los lugares famosos, sino que dibuja lo que ve por su ventana o desde una terraza en los tejados... Pero tiene que haber una excepción, será el cuadro La Rue des Saules [La calle de los sauces]. Cézanne colocó su caballete en una calle de Montmartre, pero la calle está desierta...

 2 - París, el extrarradio de la ciudad, por Auvers

Instalado en la capital, Cézanne se desplaza constantemente por ella (se le conoce cerca de veinte direcciones diferentes) y por el exterior. Trabaja la pintura de paisaje, al aire libre, “a partir del motivo”, siguiendo la escuela de pintores como Pissarro y Guillaumin, quienes participan en el movimiento impresionista. Pretenden reanudar con la tradición del paisaje tras Courbet, Corot y los pintores de Barbizon que mediante el campo parisino, querían representar una cierta identidad francesa. Pero muy pronto Cézanne se impone como un maestro que hace “del impresionismo algo sólido y sostenible, como el arte de los museos”. Su expresión es el cuadro Le pont de Maincy [El puente de Maincy], alrededor de los años 1880.

 3 - La Tentación de París

Como para Courbet o Renoir, el desnudo es una de las principales preocupaciones de Cézanne. Pinta varias versiones de La Tentation de saint Antoine [La Tentación de san Antonio] entre 1870 y 1877, probablemente después de leer a Flaubert. Durante los mismos años, se multiplican los cuadros de carácter erótico: Une Moderne Olympia [Una moderna Olympia], L’Orgie [La Orgía], La Lutte d’amour [La lucha de amor]… Posteriormente, según el testimonio del marchante de arte Vollard, Cézanne trabaja en un gran lienzo de Bañistas, momento en el que ejecuta su retrato, en 1899: ya no busca la dimensión erótica del cuerpo, sino que construye una nueva expresión del desnudo e inventa su propio lenguaje pictórico.

 4 – Posar como una manzana. Bodegones y retratos

Para Cézanne, la “naturaleza muerta” es un motivo como cualquier otro. Equivalente a un cuerpo humano o a una montaña, se presta particularmente bien a investigaciones sobre el espacio, la geometría de los volúmenes, la relación entre colores y formas: “Cuando el color adquiere su riqueza, la forma alcanza su plenitud”, decía el artista. De los cerca de 1000 cuadros repertoriados, unos 200 son bodegones. A veces asociados con temas eróticos o retratos, “hablan” tanto de París como lo haría un paisaje. Entre estos retratos, cuyas telas de fondo representan a menudo papeles pintados, se encuentran los amigos emblemáticos de las estancias parisinas: Victor Chocquet, su primer coleccionista, o Ambroise Vollard, “El” marchante que organiza sus primeras exposiciones.

 5 - Los caminos del silencio

A partir de 1888, Cézanne realiza varias estancias en región parisina, tras haberse quedado varios años en Provenza (de 1882 a 1888). Aunque vaya a pintar un verano más allá de Auvers, a Montgeroult, aunque visite a Monet en Giverny en 1894, sus lugares de predilección, en estos años 1890, son las orillas del Marne alrededor de Maison-Alfort o Créteil, y la zona de Fontainebleau hasta Barbizon o Marlotte. El río le encanta. En él encuentra frescor, tranquilidad y serenidad y sus lienzos comunican el “silencio” de la naturaleza. En París, los tonos se apaciguan en torno a azules y verdes, mientras que en Provenza, trabaja la sinfonía de los oros de las series de la montaña Sainte-Victoire. Tras conquistar su espacio propio, en la capital y adquirir el dominio de su arte, se retira definitivamente en las tierras provenzales, por las que su apego no ha dejado de crecer.

Una exposición del Museo del Luxemburgo (Senado) organizada por la Rmn-Grand Palais, en colaboración con el Petit Palais, Museo de Bellas Artes de la Ciudad de París. Esta exposición se beneficia de préstamos excepcionales del Museo de Orsay.

Comentarios

Equipe du musée du Luxembourg - 06/02/2012 Bonjour, certains d’entre vous ont en effet été surpris de voir si peu de peintures de paysages urbains dans cette exposition. Nous avons fait part de vos commentaires aux commissaires, voilà leur réponse que nous publions en entier pour ne pas la dénaturer : « Cézanne a en effet très peu peint Paris, une grande ville qu'il n'appréciait guère, lui qui était si profondément enraciné dans ses terres provençales. Au total : on compte dans son œuvre peint cinq vues de Paris (quatre sont présentées dans l'exposition, la cinquième est due au pinceau de son ami Guillaumin.) Pourtant, il est monté et remonté tout au long de sa vie dans la capitale et il a beaucoup peint à Paris et en Ile de France. Toutes les toiles exposées ont été peintes à Paris et en région parisienne, voire dans ses domiciles parisiens (natures mortes, portraits de sa compagne devant le papier peint d'un des appartements) ou chez ses amis (Emile Zola, rue de la Condamine, Victor Chocquet, rue de Rivoli). Ce paradoxe est précisément le sujet de l'exposition : pourquoi celui qu'on a nommé « le maître d'Aix » a-t-il éprouvé le besoin de quitter régulièrement sa Provence, sa confortable demeure du Jas de Bouffan, ses ateliers provençaux, sa chère montagne Sainte-Victoire pour revenir travailler dans le Nord, en terre « étrangère » ? C'est à cette question que nous avons tenté d'apporter des réponses, diverses ( besoin d'étudier les maîtres du passé dans les musées, besoin de retrouver son ami Zola, besoin de travailler aux côtés d'autres peintres comme Pissarro et Guillaumin, besoin de trouver des marchands (Vollard) et des collectionneurs, besoin de se confronter à des motifs différents des paysages provençaux, dans une atmosphère différente, aléas de sa vie personnelle...). Bien entendu, nous n'entendons pas Paris en tant que ville mais en tant que région et nous nous en expliquons dans l'un des panneaux pédagogiques (Si Rome, c'est aussi Frascati ou Tivoli, Paris c'est aussi Auvers, Pontoise ou Giverny...), mais aussi en tant que capitale artistique. Nous avons posé le problème de la quasi-absence de paysages parisiens dans l'œuvre de Cézanne en regroupant volontairement les vues de Paris dans la première salle de l'exposition pour « évacuer la question » et permettre aux visiteurs d'aborder ensuite les véritables enjeux. Espérant avoir répondu à vos attentes, je vous prie de croire à l’assurance de toute ma considération.
Franck et Lou - 05/02/2012 12 euros pour si peu de tableaux ! Une grosse arnaque ! Nous nous attendions à voir des peintures de paysages urbains...finalement ces peintures sont peu nombreuses et nous avons été déçus de retrouver encore des natures mortes et portraits. Nous ne conseillons pas cette exposition.
Equipe du musée du Luxembourg - 16/09/2011 Nous vous remercions pour votre commentaire. Les précisions que vous apportez sur Cézanne ne figurent pas en effet dans la brève présentation de l’exposition. Elles apparaîtront dans le parcours numérique qui sera mis en ligne début octobre et qui mentionnera, entre autres, le rôle du Père Tanguy (et de sa boutique rue Clauzel) et de Vollard (qui organisa la première exposition personnelle de Cézanne en 1895). Ces éléments apparaissent également dans le dossier pédagogique téléchargeable sur les pages Mon Luco. A bientôt sur le site Internet du Musée du Luxembourg.
Bernard Vassor - 06/09/2011 Me permettez-vous quelques petites. rectifications ? C'est uniquement dans la boutique du père Tanguy qu'il était possible de trouver des toiles de Cézanne jusqu'en 1894, date à laquelle Vollard conseillé par Renoir fit acheter par Maurice Denis deux toiles de Cézanne. Julien Tanguy qui a été son fervent promoteur, fut aussi si l'on en croit Emile Bernard, le sauveur de certaines toiles (dont le portrait d'Achile Empéraire qui ne serait pas au musée d'Orsay si il n'avait pas empêché Cézanne de le détruire.
Decq - 18/06/2011 Quel bonheur de revoir une expo Cézanne à Paris. Et sous la houlette de Monsieur Denis Coutagne, maître ès Cézanne, une expo remarquable à coup sûr. Aprés son travail exceptionnel à Aix, il est heureux de le retrouver à Paris
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